Jerigonza

Escrito por jcab el Thursday, 20 de May del 2010

Voy caminando por la calle cuando de pronto veo que pasa un carro negro. Pienso que en Madrid se ven muy pocos pickups. Recuerdo entonces que de pequeño tuve un pickup de juguete que me encantaba. Un Tonka rojo. Recuerdo que también tuve una rampa pequeña con dos carritos que nunca pude hacer funcionar bien y entonces me viene a la memoria como mi hermana pequeña, con 4 añitos, se sentaba a mi lado sin hacer un ruido escuchando atentamente mi análisis de la problemática de la rampa y lo que iba a probar a continuación. Me quedo en ese recuerdo un buen rato. Sonrío.

Veo la televisión un miércoles por la noche. No hay nada. Navego entre los canales pasando rápidamente por un canal en donde hay un concurso de baile. Me doy cuenta que no bailo desde hace tiempo y pienso que la época en la que más bailé fue en las fiestas de quince años de mi tierra. Me acuerdo de la primera fiesta de quince a la que fui, ya en plan adolescente, y lo preocupado que estaba por no saber bailar. Recuerdo cómo con vergüenza me acerqué a mi hermana mayor para pedirle ayuda. Ella muy seria sacó su repertorio variado de cassettes con canciones grabadas de la radio y con mucha paciencia me enseñó los pasos básicos para cada tipo de música. Me quedo en ese recuerdo un buen rato. Sonrío.

A veces mirás, escuchás o vivís algo que va encadenando experiencias en tu cabeza hasta llegar a un sitio que habita en el recuerdo y te quedás allí un rato. A veces terminás sonriendo.

Estaba en el chat hoy con un amigo hablando babosadas. De pronto, por hacer la gracia, le respondí a una frase en jerigonza y él me la contestó de la misma forma. Entonces pensé que en Chiquimula usaban mucho la jerigonza cuando no querían que los niños se enteraran de lo que hablaban los mayores. Me acordé de cuando le pedí a mi papá que me enseñara a utilizarlo. Sonrío. Entonces me vino el recuerdo de mi Mama Eva, mi tía Mary y mi papá poniéndose al día en jerigonza de los chismes del pueblo que no eran aptos para menores. Luego me vino a la cabeza una vez que mi tía Mary le comentaba a mi Mama Eva que alguien había hablado mal de ella y como ella contestó “¡Apalapa puputapa! ¡quepe copomapa mieperdapa!”. Me quedo en ese recuerdo un buen rato. Sonrío. Me carcajeo. Me entra nostalgia. Me vuelvo a carcajear. Y sigo sonriendo.


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Categoría: Relatos

3 comentarios

Dice Krod:

el Thursday, 20 de May del 2010 a las 12:48 pm

Realmente esas cosas tan arraigadas a nuestras memorias en nuestros corazones no dejan de ser motivo de sonrisa como bien decís, nostalgía y muuuuchas veces te arrancan hasta una lágrima. Que gratos tus recuerdos, gracias por compartirlos, me causo tanta gracia la escena y eso que no la viví, creo que todos estamos de acuerdo en que las memorias de nuestros abuelos y papás aunque sean de algo digamosle, falto de respeto, jeje, las añoramos tanto. Se me vienen muchos recuerdos gracias a este “dialecto lúdico”. Bendito jerigonza.

Dice iv:

el Wednesday, 26 de May del 2010 a las 9:03 pm

ahhh qué recuerdos esos! nunca tuve la iniciativa de aprender jerigonza pero tengo gratos recuerdos de chiquimula escuchando esas palabras extrañas… bajo el palo de marañón, dándonos de guacalasos en la pila o cerca del filtro de piedra del agua, ahora recuerdo cómo caían esas gotas, listas para beber y qué curioso es que cuando pienso en esos momentos creo regresar a mi niñez y “sonrío” =) tqm

Dice Yas:

el Thursday, 27 de May del 2010 a las 5:14 pm

Ala gran, parece que fué ayer vaa vos, todavía me acuerdo de los pasos y de la ropa que llevabas, vos te acordas? Los recuerdos de Chiquimula son trascendentales vos, ahora la Motsy ya está aprendiendo jerigonza y así vamos pasando la tradición de generación en generación, somos muy afortunados los tres de haber nacido en una familia tan distinta y con tantas características por un lado y por otro, el “guial o buay” y el “maaaa” es parte de dos lugares tan diferentes, que se hacen uno en nosotros. Me dejaste con “pichelito” en la trompita. Te quiero mucho

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Mafaca es un espacio en donde escriben un crema y un rojo sobre temas variados que por lo general atañen a la tierra que les vio nacer, Guatemala. Sus autores son Jcab y Krod. Jcab actualmente vive en Madrid, España, mientras que Krod vive en Guatemala capital.

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